Teorías lingüísticas del humor


Chistes y juegos de ingenio. Puntos en común.

Hablar de las características comunes entre los chistes y los juegos de ingenio
del tipo “Sea paciente. No fume”, supone hacer una rápida alusión a un uso del
lenguaje específico y no ordinario. Esto es así porque se utiliza el principio de
economía, la ambigüedad, el final abrupto o el uso aproximativo del lenguaje,
entre otros.
Un rápido análisis del enunciado “Sea paciente. No fume” (ubicado en el
hospital) nos permite distinguir, sin muchos esfuerzos, dos posibles
interpretaciones: a) se nos insta a desarrollar la actitud de la paciencia y a no
fumar, dentro del ámbito del hospital; y b) se nos plantea la posibilidad de
colocarnos en el lugar de la persona que se encuentra en el hospital por motivos
médicos o de salud: el paciente. Estas dos posibilidades se nos presentan con
una estructura tan sencilla como la que acabamos de analizar.
El chiste persigue también presentar la mayor información posible con el menor
número de palabras: “¿Sabes cómo se llaman los habitantes de San Sebastián?”
(a lo que se responde) “Todos no”. Puede haber también más de una
interpretación en estos enunciados. Y sin embargo, tanto en el caso de “Sea
paciente” como en el del chiste sabemos que prevalece una interpretación sobre
la otra. Hay, pues, tanto en un caso como en otro la intención de resaltar una
información. Ana Mª Vigara Tauste (1994: 25) afirma que “el chiste como texto
no es improvisado”, por lo tanto deducimos que es información elaborada, como
también lo es el juego de ingenio. Bien es cierto que el chiste suele presentar un
final abrupto (factor sorpresa), y el juego de ingenio no tanto.
Toda esta información elaborada, pues, utiliza diversos factores para su
presentación. Uno de ellos es el principio de economía (Giora 1991: 465-485).
Ya hemos comprobado cómo se presenta una gran cantidad de información con
el menor número de palabras posibles.
Toda esta información juega con la ambigüedad. No es lo mismo decir “Sea
paciente. No fume” que “Tenga paciencia. No fume”. La primera sí incluye la
interpretación de la segunda, pero no ocurre del mismo modo al contrario. Por lo
tanto, observamos que hay dos posibles interpretaciones que toman como base
una misma estructura. Lo mismo ocurre con el chiste. Podemos interpretar que
se pregunta: a) cómo se llama cada uno de los habitantes que pertenecen a San
Sebastián; o b) como se llama al conjunto de habitantes de una determinada zona
del país, en este caso, San Sebastián. La persona que responde opta por la
interpretación menos obvia, la distributiva en lugar de la colectiva. Ahí está el
golpe y efecto humorístico.

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