Padres brillantes

29 de abril, @Fran_SanchezG

bread-1345077_1280Érase una vez un mundo en donde el pan tenía gran valor. Y tanto era así que cada vez que una madre daba a luz, se decía que el recién nacido traía un pan debajo del brazo. Esto era símbolo de felicidad y prosperidad. El mundo se enriquecía así con la llegada de una nueva vida que sumaría a la familia porque el legado se podría pasar a la siguiente generación.

Los padres actuales nos hemos olvidado del valor del pan. Y lo que es peor, algunos han olvidado la importancia de pasar el legado. Solemos decir que el niño no sólo no trae el pan sino que tampoco el manual de instrucciones. ¡Qué difícil es ser madre o padre en la actualidad!

Tuve la oportunidad (y el gusto) de escuchar a José Antonio Luengo en una conferencia en Madrid. De todo lo que dijo aprendí mucho, pero recojo aquí solo algunas ideas que me hicieron reflexionar sobre el papel de la familia en la educación actual:

1) Estamos perdiendo la comunicación: los padres no somos mala gente, pero compramosliving-on-the-edge-844873_640 a nuestros hijos poniéndoles apartamentos en nuestra casa. Caminamos hacia un escenario en donde el mundo capital quiere organizar completamente nuestras vidas.
2) Los niños y los adolescentes pierden ante economías potentes que premian el negocio como elemento básico. Tanto tienes, tanto vales. ¿Hacia dónde vamos? ¿Debe ser la economía el principal motor de la educación?
3) Vivimos acomodados en apartamentos rodeados de tecnología: parece que la supuesta calidad de vida no lo es tanto. Si miramos objetivamente el consumo de ansiolíticos de aquí a 15 años atrás, vemos que se ha quintuplicado. En el “tercer mundo” la mitad de las personas no pueden comer; y en “el primer mundo” la mitad de las personas no pueden dormir. En la actualidad tenemos las mayores cifras en obesidad y sobrepeso infantil.
4) El problema actual de la falta de respeto como elemento básico y crucial en las relaciones sociales.

road-sign-663360_640¿Qué podemos hacer? ¿Hay solución? Luengo propone utilizar el centro educativo como motor de cambio. En este sentido:

1) Las escuelas deben convertirse en entornos en donde los padres tengan más protagonismo. ¿Quién conoce mejor a los hijos que los propios progenitores?
2) El alumnado debe ser el verdadero protagonista en el centro educativo. Esto implica que, en ocasiones, sean ellos los propios agentes del cambio, es decir, aquellos que también comunican y educan a sus compañeros de estudio.

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INTIMIDAD, FRUSTRACIÓN Y ADICCIÓN: CLAVES.

Diapositiva121 ABRIL @Fran_SanchezG

Beatriz Lara es psiquiatra infantil y coordinadora de la Unidad de Salud Mental en el Hospital Nuestra Señora del Prado en Talavera de la Reina. Tuve la oportunidad de escucharla en unas conferencias en Madrid. Estos son los tres temas que más me llamaron la atención:

Respecto al primero, INTIMIDAD, resumo aquí algunas claves que ofreció:

1)      Los menores tienen que aprender en casa lo que es suyo y lo que no. ¿Qué es aquello que se desea compartir y lo que no? ¿Cuáles son los límites?

2)      Los padres somos responsables de enseñar a nuestros hijos qué es la intimidad y cómo se vive.

3)      Si no capacitamos a nuestros hijos para desenvolverse correctamente en el mundo físico,  ¿cómo lo harán bien en el virtual? Antes de la tecnología también había que enseñar intimidad.

En cuanto al tema de LA FRUSTRACIÓN, la doctora explicó que lo nuevo siempre trae girl-310476_960_720.pngincertidumbre. Los padres parecemos apremiados, Queremos o buscamos respuestas inmediatas, pero la educación es un proceso que choca contra la exigencia contemporánea de la rapidez: apretar una tecla y que esté listo. Además, nos encontramos con el problema de que muchos de nosotros somos inmigrantes digitales. Nos cuesta conectar con los gustos o intereses de nuestros hijos. ¿Sabemos trabajar en red? Normalmente, usamos las TIC como un reservorio de la información, no solemos manejar bien la multitarea, ellos sí. ¿Puede ser el juego un instrumento clave para conectar con ellos? Sí.

Los padres decidimos sobre la vida de nuestros hijos. Debemos dialogar, sí; sin embargo, no todo se puede dialogar. Desde casa, debemos enseñar lo importante que es canalizar y controlar la frustración. Esta juega un papel muy importante en el proceso educativo del niño. Es necesaria.

Por último, se abordó el tema de LA ADICCIÓN a la tecnología. Estas son algunas de las preguntas que Beatriz Lara formuló y respondió: ¿a qué debemos estar atentos los padres? Básicamente a cómo usa nuestro hijo la tecnología. ¿Hace uso de ella cuando está solo, siempre de manera aislada? ¿O también conectado con sus amigos? ¿Cuál es el fin de su uso? ¿Para qué?¿Para chatear, pasarse un nivel en un juego? ¿Los juegos en los que participa son juegos de vida o de muerte? ¿Fomentan la creatividad?  ¿Cómo le va fuera de casa? ¿Dónde anda? ¿Tiene actividades de ocio no dirigidas?

speech-1027857_960_720¿Y dentro de casa? ¿Cómo nos va?  ¿Podemos vivir sin tecnología? Busquemos el diálogo. Hablemos, no usemos la cena para regañar. Este tiempo debe ser un momento de relax. Cuidado con dejarnos llevar por el estrés acumulado a lo largo del día. Nuestro reto es hacer lo que les pedimos a ellos que hagan. Así, pues,  la cena es sagrada, no es el momento de abordar los problemas. Es mucho mejor hablar de nuestras cosas, narremos algunas de las vivencias del día, contemos nuestras historias.

Si dejamos que los móviles o tablets interfieran en este tiempo de diálogo estaremos perdiendo al menos una oportunidad diaria para fomentar el diálogo y conocernos mejor.

El problema a de la adición a las nuevas tecnologías es que son una adicción sin sustancia. ¿Cuántas veces miramos el móvil? ¿Cuál es la separación entre el mundo real y el físico? ¿Hasta dónde llega el ciberespacio?

Una clave es limitar el tiempo de uso de las nuevas tecnologías. Un ejercicio es queno-987086__180 prueben a dejar el móvil a los padres. Veremos cuánto les cuesta desprenderse del mismo.

Por otra parte, todavía no hay un adicto tipo. Por eso, nos puede alertar el tiempo de uso que se hace de las tecnologías. Es absurdo pedirle a un menor que se regule su tiempo de uso. El menor no puede definir un tiempo de juego. Sería como decirle a un recién nacido que se preparara el biberón.

Parte de nuestra labor como padres es entrenarles para que estén tiempos sin jugar o sin estar conectados.

Rompiendo las reglas

11-abril-2016 / Fran Sánchez

Rompiendo las reglas es una película que cuenta cómo se logra un equipo ganador con jugadores que han sido descartados por la mayoría de entrenadores. ¿Hacemos los docentes lo mismo o no? ¿Descartamos a los alumnos que no reúnen las mejores cualidades? ¿Cuáles son las expectativas hacia los menos capacitados?

Nadie tiene una bola de cristal. No podemos mirar a un chico y decirle “conozco tu futuro”.

Sin embargo, a veces actuamos como si supiéramos todo lo bueno o malo de los alumnos que tenemos delante. La película está basada en hechos reales. Un manager intenta que sus mejores jugadores no se marchen, pero no tiene nada que hacer cuando llega la suculenta oferta económica de los equipos grandes. Para compensar la pérdida del jugador, el manager ficha a otros más económicos que, aunque no son tan buenos, pueden lograr un resultado similar a través del trabajo en equipo. El viejo lema de “la unión hace la fuerza”. La educación actual tiene que ver mucho con esto: trabajo en equipo y aprendizaje cooperativo.

moneyball-rompiendo-las-reglas-custom-por-lolocapri-dvd.jpg¿Pueden tres jugadores “malos” sustituir a uno muy bueno? La clave es conocer no sólo los puntos fuertes o habilidades sino también las carencias. La película lo sintetiza en la siguiente afirmación: “puede que no parezcáis campeones, pero sí lo sois; así que jugad como lo que sois”. Podemos no ser buenos en todo, pero hay algo en lo que sí destacamos. Sir Ken Robinson lo llama el elemento, aquello para lo que nacimos. Olvidar esto, en el largo proceso educativo, es un gran error.

¿Cuánto cuesta animar a un joven que no quiere estudiar? Juan Vaello afirma que debemos educar desde la diversidad de capacidades (los que pueden y los que no), la diversidad de conocimiento (los que saben y los que no), la diversidad de expectativas (los que esperan y los que no), la diversidad de intereses (los que quieren y los que no) y la diversidad de la actitud (los que suman y los que restan).

Me preocupa que la obligatoriedad de los estudios, la ausencia de cultura del esfuerzo o la falsa perspectiva subjetiva de falta de capacidad convenzan a los estudiantes de que tienen poco que aportar. Tampoco me gusta que otros se crean tan buenos que huyen del trabajo en equipo. ¿Nunca necesitarán la ayuda de alguien?

Es importante conocer aquello que debemos mejorar, pero no obsesionarnos con ello hasta el punto de que nos parezca imposible superarlo. Esta escena de la película lo ejemplifica.

Nunca dejaremos de aprender. Mickey Mantle lo dijo así:

“Es increíble lo que ignoras del juego que llevas practicando toda la vida”.

El libro de Augusto Cury, “Hijos brillantes, alumnos fascinantes”, nos puede ayudar a formar un equipo ganador también con aquellos con los que no cuenta el entrenador.

¿Te apuntas?

Un puente hacia Terabithia

El protagonista

Jess Oliver Aarons es un chico de diez años que tiene dos hermanas mayores que él y otras dos más pequeñas. Este grupo de hermanos pertenecen a una familia con pocos recursos económicos.

 

Su padre

Su padre no presta a Jess toda la atención que él desea. Apenas le dirige la palabra y, cuando lo hace, es para darle órdenes. El día del cumpleños de Jess, no le da un beso. Juega con él al escalextric pero enseguida se cansa y le dice que lo va a devolver porque los coches se salen del circuito. Según el padre, su hijo está en las nubes constantemente. A Jess también le gustan los animales, defenderá a una comadreja y adoptará un perro para Leslie.

La familia de Jess contrasta con la de Leslie, protagonista con él. Ella le dice a Jess: –“Eres lo que eres tú, no lo que son tus padres”.

Leslie

En casa de Leslie no se ve la televisión porque “ésta mata las células cerebrales”. Leslie tiene imaginación porque ella es así, no porque sus padres sean escritores de ciencia ficción. Leslie no puede parar, constantemente imagina, es intrépida y valiente, trepa por los árboles, cierra los ojos y mantiene su mente abierta a la fantasía: “somos los reyes de Terabithia y nada puede vencernos”.

En el colegio

En el colegio, Jess sufre acoso escolar por parte de sus compañeros. A Jess le encanta correr. Cuando lo hace se siente libre, sin embargo, a pesar de esos buenos momentos, no encuentra su lugar ni en el colegio ni en la familia. La realidad le supera y lo único que hace para evadirse es dibujar. Mas adelante, Leslie le regalará un juego de pinturas al oleo.

La señorita Edmunds es la profesora de música. Ella aporta la primera nota alegre a la película cantando “¿Por qué no podemos ser amigos?”. A partir de entonces, Leslie y Jess empiezan a ser amigos.

Leslie destaca por su creatividad e imaginación. A ella también le encanta correr. Jess queda impresionado la primera vez que escucha una redacción de Leslie. Por el contrario, la mayoría de sus compañeros piensan que ella es rara.

En el bosque

Al otro lado del bosque encuentran una pequeña casita de árbol medio destruida que aprovechan como refugio y fortaleza.

Leslie toma elementos de la realidad e imagina un mundo fantástico con ellos como protagonistas. Jess, al principio, no entiende bien lo que ella hace pero Leslie insiste hasta que él entra en su mundo.

“A veces parece imposible pero tus esperanzas y tus sueños están más cerca de lo que parece. Date una oportunidad. Conseguirás tus propósitos no tengas miedo a soñar”.

Leslie no es imprudente: “probemos si aguanta” dice la primera vez que se balancea en la cuerda. Esta cuerda, colgada a la manera de liana en el bosque, les da el paso a la otra parte del campo separada por el río: “un lugar solo para ellos” en donde no están los enemigos del colegio. Allí, recrean un reino mágico en el que ellos son los reyes, los que idean y dan vida a multitud de personajes fantásticos que representan los paralelos malvados de las personas que les hacen la vida imposible en la realidad.

“Un día me echaré a la carretera y no volveré la vista, un día dejaré todo atrás, sé que hay algo mejor, quiero saber qué hay detrás del arco iris, pienso salir de aquí un día”.

La iglesia

Leslie y Jess van juntos a la iglesia. Ella no había ido nunca. Dentro, abre su bolso para atrapar un rayo de luz que atraviesa la vidriera de la ventana. En el coche, a la vuelta, Leslie habla sobre Jesús y el infierno. No cree que Dios condene a las personas al infierno porque Él está ocupadísimo dirigiendo el mundo.

Las llaves

Jess pierde las llaves de su padre y corre el riesgo de que el señor de la Oscuridad se apropie de ellas. Jess y Leslie luchan para recuperar las llaves pero sólo pueden hacerlo a través de la luz que Leslie guardó en su bolso. Al coger las llaves de la copa de un árbol, Jess pierde el equilibrio y cae hacia el suelo pudiendo matarse pero la mano de un troll gigante le salva la vida. Jess devolverá las llaves a su padre.

El museo

La profesora de música le invita a Jess a pasar el día en el museo. Jess no dice nada a Leslie, a pesar de que pasan cerca de su casa en coche. Miss Edmunds le pregunta: -“¿Se te olvida algo?”-Él responde que no, cerrando así la posibilidad de que Leslie fuera con ellos. A la vuelta, la llegada a la casa está marcada por la tragedia. Jess no puede creer lo que ha ocurrido.

La tragedia

En su novela, Katherine Paterson titula el capítulo once con el monosílabo “¡No!”. La historia está inspirada en una tragedia real que experimentó su hijo al perder a una de sus mejores amigas.

La autora (1932- ) creció como hija de misioneros en China. Quizá por esto, aborda el tema de la muerte de una manera muy particular. La obra en sí fue catalogada en 1990-2000 como uno de los 100 libros más cuestionados por la Asociación de Bibliotecas de Estados Unidos (American Library Association).

A raíz de la tragedia, el padre de Jess sube a la habitación cuando este duerme para colocarle bien en la cama y quitarle el calzado. En ningún momento vemos a Jess llorar. Pero los personajes que le rodean si lo hacen: “Un día dejare todo atrás, sé que hay algo mejor….”

Jess está abstraído, ni siquiera responde a los ataques de sus compañeros. Sin embargo, en un momento de crisis llega a empujar a su hermana más pequeña. Jess vuelve al río para vaciar los tubos de oleo y allí se enfrenta al señor de la Oscuridad, ambos corren en paralelo hasta que él tropieza. Ya con su padre, Jess habla del infierno desde su sentimiento de culpabilidad.

El puente

¿Tienen sentido nuestras desgracias? ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? ¿Es
Dios indiferente y cruel ante nuestras adversidades? El padre abraza por primera vez a Jess para consolarle.

¿Está Dios tan lejos de nuestra realidad que no sabe lo que nos pasa? La autora nos provoca a través de los personajes para reflexionar en el sentido de la vida, la muerte, la amistad, los valores eternos y los pasajeros.

La Biblia dice que “de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna”.

La novela termina con la construcción de un nuevo puente. El acceso a Terabithia ya no es a través del esfuerzo de nuestro propio balanceo en una débil cuerda que puede fallar en cualquier momento sino a través de un sólido puente que nos permite el paso a un nuevo mundo en donde ya no habrá más dolor.

 

Hasta (casi) cien bichos

Elegí este título porque quería empezar el curso con una dosis de humor e ironía para profundizar no sólo en el aprendizaje del lenguaje sino también en el de otras materias que el alumnado también trabaja: matemáticas, lógica, ciencias naturales…

Daniel Nesquens plantea un mosaico de datos objetivos entrelazados por su aguda imaginación y experiencia literaria. En este enlace podéis ver un ejemplo de lo que os hablo.

Otro aspecto positivo del libro es que viene con una divertida guía de trabajo para los alumnos. Entre todos leemos “las animaladas” que el autor nos plantea y completamos los simpáticos ejercicios: “¿Qué aconsejarías a un lobo que no se atreve a decirle a la manada que es vegetariano?”.

También merecen una especial mención las ilustraciones de Elisa Arguilé. Con ellas el libro se nos presenta más vivo y colorido.

Si os interesa la obra, algunos enlaces interesantes son:

-Imaginaria

-Entrevista en Babar

¡Que lo disfrutéis!

Palabras…

No deja de sorprenderme la fuerza que tiene la palabra: escribe la ley, recita un poema, diagnostica un cáncer, alegra el rostro anónimo o golpea la paciencia de un buen amigo.

Y el caso es que, a simple vista, no lo parece. Algunos usan el tono para confundir: con suavidad te cantan te quiero mientras con las mismas te confirman que no tanto.

Un hombre sabio dijo que teníamos que aprender a escuchar las palabras que no se dicen porque éstas son las que hablan de lo que realmente somos. Nos gusta hablar de lo que hacemos pero no de lo que somos. Quizá porque lo primero nos viste de gala, traje y corbata; lo segundo, hablar de lo que somos, nos desnuda ante el prójimo. Y, hombre, si tengo que elegir entre enseñar los michelines o una planchada burberry, pues…

Lo que más me cuesta es hablar de lo que soy en realidad. Por el contrario, qué fácil es humillar al otro. Mírale a los ojos y dile que es un desgraciado. ¿Puedes creer que hay personas que disfrutan “diciendo mal” o maldiciendo? Yo sí lo creo pero no lo hago.

Augusto Cury insiste en que estamos perdiendo la capacidad de contemplar lo bello gracias a las prisas del aquí y del ahora.

Pues, no señor. Yo me planto: hago un alto en el camino. quiero admirar la belleza aunque caigan dardos sobre mi cabeza como “chuzos de punta”.

Viva La Palabra: La Palabra es Vida.