MORLEY, Patrick M., “El hombre frente al espejo”, Miami, Vida, 2007, 441 pp.

Patrick es un reconocido hombre de negocios en Estados Unidos. Antes de cumplir treinta y cinco años ya había logrado que su compañía se situara entre las cien mejores empresas privadas de Florida. Ha experimentado el éxito y el fracaso en numerosas ocasiones. “El hombre frente al espejo” es un libro de fácil y amena lectura.

El autor nos pregunta si tenemos claro el sentido y el propósito de nuestra vida en una sociedad occidental tan marcada por el consumismo: “Estamos programados para consumir sólo porque la teoría económica dominante sostiene que un consumo progresivamente creciente de bienes es siempre beneficioso” (p.31).

¿Quién nos persuade a ser parte de este proceso?

Para Patrick, cada decisión que tomamos conlleva como mínimo unas consecuencias económicas y otras espirituales. Patrick imparte conferencias por todo el mundo. Uno de los juegos que le gusta llevar a cabo es el de “los diez destacados”:

-¿Puede nombrar los diez hombres más ricos del mundo?

-¿Puede mencionar los diez hombres más admirados de su país?

-¿Puede nombrar los diez empresarios ejecutivos más encumbrados de su país?

-¿Puede dar los nombres de los diez últimos presidentes?

-¿Puede recordar los últimos diez premios Nobel?

-¿Puede nombrar diez miembros del gabinete de gobierno?

-Nombre a sus diez mejores amigos.

-Nombre diez miembros de la familia que lo amen.

-Nombre las diez experiencias más memorables de su vida.

-Nombre diez personas que seguramente asistirían a su funeral.

-Haga las diez preguntas que querría plantearle a Dios.

El libro nos reta a reflexionar sobre cuáles son los propósitos y principios que rigen nuestra vida como hombre, padre, esposo, hijo, profesional, amigo…. ¿Cuál es mi mayor ambición? ¿Cuál es mi mayor sí?

Anuncios

ELAINE ST. JAMES, “Simplifica tu vida”, Barcelona, RBA Libros, 2003

Ante la crisis: simplifica tu vida.

Elaine era yuppie en la década de los ochenta. En la cumbre de su carrera, se dio cuenta de que las mismas herramientas que la habían permitido ascender eran a la vez instrumentos de tortura a los que debía someterse diariamente: “listas de cosas por hacer, números de teléfono, organizadores del tiempo, optimizadores de reuniones, estabilizadores de objetivos, gráficos de eficacia de alta tecnología y organizadores a largo plazo programados para varios años vista”. ¿Éxito? Sí, pero a costa de qué o de quién.

¿Tan difícil es desear menos cuando hablamos de gastar tiempo, dinero, ilusión….? Será que lo tengo tan cercano.

Entre alguno de sus cien consejos están: trasládese a una casa más pequeña, conduzca un coche sencillo, simplifique su vestuario, apague el televisor, no compre el periódico, no conteste al teléfono sólo porque esté sonando, tómese unas vacaciones en casa, no sea esclavo de su agenda, elija beber agua y otros tantos más que no os voy a contar para que leáis el libro.

La austeridad no es el camino hacia lo simple. ¿Cuánto dinero necesitas para ver un amanecer, dar un paseo por el campo, jugar al “uno” con tus hijos, ver una película en familia, perderte todo un día en la biblioteca, merendar con los amigos en el parque, acurrucarte sin prisa en el sofá o darte un baño relajante con espuma? Simple, pero difícil de practicar. Al cuerno la abundancia materialista. Abajo los ladrones del tiempo.