Instituto Mumbay

 

“Instituto Mumbay: el musical” es un documental que refleja la realidad educativa de los niños en Dharavi, una ciudad superpoblada de la India. Allí, una vivienda de 10 m2 puede llegar a costar hasta 50000 euros. Quizá por esto, allí mismo se ubica uno de los focos chabolistas más grande del planeta. En esta ciudad, permanece el Instituto Mumbay, en donde estudian muchos de los niños que viven en las chabolas.

Este documental, retransmitido en la Noche temática de la 2, merece la pena verlo con el fin de reflexionar sobre la influencia positiva de la educación en la sociedad.

Uno de los aspectos que más me llamó la atención fue la claridad con la que los protagonistas de la historia presentan sus sueños, qué es aquello que quieren ser de mayor.
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Mary vive en la calle, quiere ser futbolista, por eso le dedica mucho tiempo al deporte; pero lo que más le gusta a su madre es que esté recibiendo una educación “buena” porque así, dice, “irá con la cabeza alta y podrá mirar a la gente a los ojos”. Después de haber visto como destruían su chabola en trece ocasiones, sueña también con una casa estable que no se mueva ni se caiga sino que permanezca para siempre. “Todos tenemos sueños sobre lo que queremos ser”, concluye.

Raj es un buen alumno aunque demasiado enérgico. Vive con 5 personas más en su casa. Su madre perdió la vida, y ahora sus hermanos y él viven con su madrastra. Por  motivos de trabajo, solo tratan con su padre una vez al mes. La hermana de Raj sueña con encontrarse con su madre, quien murió hace años. La tragedia golpeó a la familia dejando graves secuelas que no desaparecen solo con el paso del tiempo: “si mi madre estuviera aquí, todos seríamos felices”.

Ashish tiene 12 años, es el delegado de su clase y de mayor quiere ser médico. Tiene claro que tendrá que esforzarse al máximo para conseguir su objetivo.

Iffat es una chica brillante, su padre es profesor de matemáticas, por lo que pueden vivir un poco mejor que el resto. Aún así, la grave enfermedad que padece su hermana pequeña hace que la mayoría del dinero se vaya en medicamentos. Será difícil que cambien a una ciudad menos pobre.

IMG_6509Por la mañana, antes de entrar a clase, los alumnos proclaman al unísono su credo escolar: “todos los indios son mis hermanos, amo a los profesores y a mí país…”. Ellos saben que la educación no es gratis. Estudian porque el colegio les da una beca, pero corren el riesgo de perderla si no dan la talla. Saben que si dejan pasar este tren, posiblemente no vuelva otro.

Cada mañana, se desmayan 5 o 6 alumnos porque la noche anterior no cenaron. Con el estómago vacío, funciona muy mal el cerebro; pero ni el hambre ni la pobreza pueden con estos alumnos soñadores que tumban su colchón al lado de la carretera. Apenas poseen recursos, tampoco agua potable, pero cuidan su uniforme y siempre van aseados.

Los sueños no tienen fronteras,
llegan hasta lugares recónditos del planeta
para germinar en mentes golpeadas por el destino.

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La comodidad apoltrona y debilita. La dificultad fortalece las neuronas y despierta la ilusión por salir del problema. Estos niños tienen muy claro lo que quieren, pero también lo que no. No hace falta recordárselo varias veces ni estar detrás de ellos. De momento vuelan bajo porque occidente les corta las alas. Los profesores saben que lo tienen difícil, pero no serán ellos quienes arranquen de cuajo la raíz de sus sueños. En Dharavi, la educación sigue siendo la clave para salir adelante.

A principios del siglo XX, tras la crisis del 1898, dos tercios de la población española era analfabeta. Giner de los Ríos (1839-1915) creó la Institución Libre de Enseñanza y, con ella, las misiones pedagógicas. En ellas, profesores y estudiantes visitaban los pueblos para hacerles llegar la cultura a través de la lectura, el canto y el teatro. La formación educativa ha llegado desde entonces a todas las clases sociales. El índice de analfabetismo se ha reducido casi en su totalidad. Sin embargo, la escuela actual, la institución educativa por excelencia al alcance de todos, está dormida pero no sueña. Padece narcolepsia virtual crónica. Menos libros de texto (que pesan mucho) y más tablets. Los primeros doblegan la espalda, los segundos la percepción de la realidad.

La educación en occidente está de vuelta, tanto, que lo mismo se pasa de rosca. Recuperemos el ejercicio de la lectura y la reflexión.

Que los jóvenes vuelvan a escribir poesía, al menos una vez en el poema de su vida.
Que los valores del esfuerzo y el trabajo diario no tengan que ser impuestos sino voluntarios.
Que nuestros sueños sean lo que no podemos comprar.  
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