Palabras…

No deja de sorprenderme la fuerza que tiene la palabra: escribe la ley, recita un poema, diagnostica un cáncer, alegra el rostro anónimo o golpea la paciencia de un buen amigo.

Y el caso es que, a simple vista, no lo parece. Algunos usan el tono para confundir: con suavidad te cantan te quiero mientras con las mismas te confirman que no tanto.

Un hombre sabio dijo que teníamos que aprender a escuchar las palabras que no se dicen porque éstas son las que hablan de lo que realmente somos. Nos gusta hablar de lo que hacemos pero no de lo que somos. Quizá porque lo primero nos viste de gala, traje y corbata; lo segundo, hablar de lo que somos, nos desnuda ante el prójimo. Y, hombre, si tengo que elegir entre enseñar los michelines o una planchada burberry, pues…

Lo que más me cuesta es hablar de lo que soy en realidad. Por el contrario, qué fácil es humillar al otro. Mírale a los ojos y dile que es un desgraciado. ¿Puedes creer que hay personas que disfrutan “diciendo mal” o maldiciendo? Yo sí lo creo pero no lo hago.

Augusto Cury insiste en que estamos perdiendo la capacidad de contemplar lo bello gracias a las prisas del aquí y del ahora.

Pues, no señor. Yo me planto: hago un alto en el camino. quiero admirar la belleza aunque caigan dardos sobre mi cabeza como “chuzos de punta”.

Viva La Palabra: La Palabra es Vida.

W. Paul Young, “La cabaña”, Madrid, Espasa Calpe, 2009 (4ª edición)

“DE LA CABAÑA A JUAN JOSÉ CORTÉS”

Fran Sánchez

La ficción, según Vargas Llosa, es un acto de rebeldía contra la vida real y, en segundo, un desagravio a quienes desasosiega el vivir en la prisión de un único destino. Así, la ficción transforma la realidad para contarla”.

La cabaña narra cómo la tragedia humana tiene límites. Mack, el protagonista, los desconoce. Fruto del dolor que experimenta, se cuestiona por qué Dios no  ha evitado su sufrimiento. O, dicho de otra forma, ¿qué gana Dios viéndonos sufrir?

W. Paul Young asegura que la novela nace gracias a una tragedia familiar y real. A través de Mack, Young nos desafía a romper con la imagen tradicional que tenemos de las tres personas de Dios (Padre, Hijo y Espíritu).

José de Segovia destaca la capacidad del autor para desarmar nuestros prejuicios acerca de Dios. Mack habla con Papá (una mujer negra), Sarayu (el Espíritu Santo) y Jesús el Hijo (un “currito” carpintero vestido con mono azul). Paul Young pone en boca de Mack lo que todos, más de una vez, les hubiéramos querido preguntar a los tres.

Pero el mérito de la obra no está en las preguntas de Mack, sino en las respuestas de Dios. Mack tiene un encuentro con la Autoridad. Su vida cambiará para siempre.

El pasado fin de semana, 11 de octubre, tuve el privilegio de estrechar la   mano y saludar a Juan José Cortés. Allí, en San Rafael, nos dio una lección generosa y magistral de sencillez y humildad.

Sin palabras, con su mirada fija en J. A. Monroy, le escuchó con atención. Monroy le entregó verbal y físicamente el premio que le reconoce como “personalidad del año”. Cortés, agradecido, lo aceptó. No sin antes aclarar que cualquier cristiano hubiera hecho lo mismo en su lugar.

La tragedia humana, aunque a veces no lo parezca, tiene límites impuestos. Lo cuentan las personas que han cruzado la frontera del dolor extremo. Gracias familia Cortés por ayudarnos a creer.