W. Paul Young, “La cabaña”, Madrid, Espasa Calpe, 2009 (4ª edición)

“DE LA CABAÑA A JUAN JOSÉ CORTÉS”

Fran Sánchez

La ficción, según Vargas Llosa, es un acto de rebeldía contra la vida real y, en segundo, un desagravio a quienes desasosiega el vivir en la prisión de un único destino. Así, la ficción transforma la realidad para contarla”.

La cabaña narra cómo la tragedia humana tiene límites. Mack, el protagonista, los desconoce. Fruto del dolor que experimenta, se cuestiona por qué Dios no  ha evitado su sufrimiento. O, dicho de otra forma, ¿qué gana Dios viéndonos sufrir?

W. Paul Young asegura que la novela nace gracias a una tragedia familiar y real. A través de Mack, Young nos desafía a romper con la imagen tradicional que tenemos de las tres personas de Dios (Padre, Hijo y Espíritu).

José de Segovia destaca la capacidad del autor para desarmar nuestros prejuicios acerca de Dios. Mack habla con Papá (una mujer negra), Sarayu (el Espíritu Santo) y Jesús el Hijo (un “currito” carpintero vestido con mono azul). Paul Young pone en boca de Mack lo que todos, más de una vez, les hubiéramos querido preguntar a los tres.

Pero el mérito de la obra no está en las preguntas de Mack, sino en las respuestas de Dios. Mack tiene un encuentro con la Autoridad. Su vida cambiará para siempre.

El pasado fin de semana, 11 de octubre, tuve el privilegio de estrechar la   mano y saludar a Juan José Cortés. Allí, en San Rafael, nos dio una lección generosa y magistral de sencillez y humildad.

Sin palabras, con su mirada fija en J. A. Monroy, le escuchó con atención. Monroy le entregó verbal y físicamente el premio que le reconoce como “personalidad del año”. Cortés, agradecido, lo aceptó. No sin antes aclarar que cualquier cristiano hubiera hecho lo mismo en su lugar.

La tragedia humana, aunque a veces no lo parezca, tiene límites impuestos. Lo cuentan las personas que han cruzado la frontera del dolor extremo. Gracias familia Cortés por ayudarnos a creer.

Sánchez Ferlosio, Rafael, El Jarama

La novela comienza narrando la llegada de unos jóvenes a un bar junto al río Jarama. Es domingo y hace buen tiempo por lo que el río se llenará de domingueros. El agua del río elimina la rutina de la ciudad.

Destacan los personajes que son más echados “pa lante”: Mely, Sebastián, Miguel, Alicia y Lucita quien protagonizará el trágico suceso de su muerte en el río. El río engaña, por eso, todos los años se cobra la vida de algún madrileño. En el grupo nadie destaca tanto como el personaje principal.

El transcurso del tiempo es primordial en la obra. Se hace referencia a la hora, por ejemplo, en dieciséis ocasiones. Se presenta la hora para saber qué hacer.

La novela está escrita en tercera persona aunque el autor interviene, en ocasiones, para interpretar la realidad.

La novela dura un día por lo que la acción no avanza con la regularidad del reloj. En ocasiones, podemos hablar de retroceso temporal en el paso de una escena a otra y en el paso de un grupo a otro.

También encontramos similitud de acciones. Por ejemplo, se nos describe cómo contemplan la luna distintos personajes (Paulina y Sebas, Tito y Lucía o, también, Carmen y Fernando).

El autor consigue dar realismo y credibilidad a la obra porque sabe muy bien de lo que habla. Estamos ante una gran obra que recoge el ambiente juvenil, las conversaciones cotidianas propias del ocio y el tiempo libre de su época.